Entrada en calor
29 de abril. 20:47hs
Entrada en calor (escribir cinco minutos sin parar).
Hoy me desperté en el sillón. A veces duermo allí,
no sé si para cambiar de ambiente o por alguna aversión a la cama. No lo había
pensado así, en realidad, pero me figuro la cama ahora mientras escribo y se representa
en mi cabeza como un espacio grande y frío, lejano, hasta expulsivo. Hoy me
desperté en el sillón y me di cuenta de que me había despertado varias veces en
las últimas horas, y de que no por seguir intentándolo iba a despertar más
cómoda una próxima vez. Al mismo tiempo, me di cuenta de que estaba descansada
y no necesitaba seguir durmiendo para poder comenzar el día. Me desperté en ese
sillón cada vez más destartalado y me pregunté por qué me hacía eso y me
disponía voluntariamente a dormir en un ¿amoblamiento? ¿es un mueble? ¿cómo se
dice, a qué categoría pertenece? Bueno, en un sillón, que sé que es más
incómodo que la cama. Me lo pregunté y no tuve respuesta. Me estiré un poco
(quizás un poco más que lo habitual, para aflojarme un poco). Consideré que no
era un problema quedarme como estaba, en calzas, con una camiseta y un corpiño
deportivo debajo. Que esa era ropa de día, en todo caso había sido un problema
dormir así vestida, pero eso ya había pasado, no podría retrotraer el tiempo
para evitar hacerlo, así que no valía la pena perder tiempo pensando en eso.
Prendí la computadora mientras me comía una banana y me gustó sentir que el sol
me daba a través de la ventana. Afuera se veía todo embarrado y me acordé de la
planta que ayer en medio de una tormenta advertí que en algún momento se cayó
de la ventana. La vi estrolada contra el piso y ni se me ocurrió bajar a
buscarla bajo esa lluvia. Pero hoy estaba soleado y cuando me acordé de la
planta me pregunté si todavía estaría ahí. Me parece que entonces no me fijé
por la ventana; recién más tarde, en un momento en que bajé a sacar la basura,
me di la vueltita y vi su ausencia en el pasto embarrado directamente desde el
mismo plano. Aproveché que había bajado y me quedé unos minutos al sol. Los
días se acortaron mucho ya, pero del sol se sigue sintiendo su potencia.
Después de un rato me empezó a dar calor y subí.
Volví a salir a comprar más tarde, pero mis “cinco
minutos de escribir sin parar” se hicieron veinticinco y ya quiero ir a hacer
la cena.
Comentarios
Publicar un comentario